25 de marzo de 2024 · Azul
Baila,
Paloma,
Baila
“Son tantos tus sueños que ves el cielo
mientras te veo bailar”
Luis Alberto Spinetta · Invisible
Paloma tenía 16 años y ojos color cielo. Bailaba. Hacía grullas de papel. Soplaba las nubes. Era parte de esta familia cuyas historias se cuentan en estas páginas — la misma que cruzó el océano desde Castelcucco, que sobrevivió guerras y desiertos, que construyó casas sin terminar a orillas del mar. El 25 de marzo de 2024, sin aviso, se fue.
Esta es su historia contada por los que la amaron.
Siempre fuiste, y lo seguirás siendo, in eternum, un increíble SER DE LUZ. Evidentemente el mundo terrenal te quedaba demasiado chico.Miguel Sarmiento · 20 de junio de 2024
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Vos fuiste feliz hasta el último día.Gustavo Sarmiento · 31 de marzo de 2024
Y nos hiciste mejores.
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La ausencia es legado; y el legado de esta historia es el deseo: hacer cosas, idear proyectos, moverse.Gustavo Sarmiento · Que ves el cielo · Tiempo Argentino, 2025
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Bailá Palo, donde quiera que estés.
Y contanos cómo es.
Bailá Palo, donde quiera que estés
por Gustavo SarmientoPasaron seis días. Escribo porque no sé exorcizar las angustias de otro modo. Por qué te fuiste Palo, es algo que nunca va a tener respuesta. Y es que a veces las cosas suceden sin explicación. Quizás ya habías logrado tu misión. Quizás no importe cuánto se vive, sino el cómo. Vos fuiste feliz hasta el último día. Y nos hiciste mejores.
Eras “perfectita”. Siempre te vi más que una Sarmiento, un nivel superior, etérea. Me diste el orgullo de ser tu padrino, me abrazabas, te encantaba vernos cuando veníamos de visita. “Andá tío, yo cuido a Enzo”, me decías. Y después llegó Hele. Tenías devoción. Enseñarle cosas de prima mayor. Y tus caras de superada cuando se volvían imposibles de controlar. Amabas los veranos en Pehuen, los atardeceres en el mar, las historias de familia, tejer con la abuela (y ganarte unos mangos), comer algo dulce. Eras transparente, empática. Lo mejor sale en grupo, pensabas. De grande ibas a ser dirigente. Qué país seríamos si estuviesen vivos los imprescindibles.
Vas a dejar un vacío enorme porque sos enorme. Alcanzaste a tener todo resuelto en esta vida, esperaste a que tu madre te tenga en brazos y te fuiste. Siempre quisiste demostrar fortaleza. Eras la que iba adelante en cualquier grupo. La que abría camino para el resto. Curiosa por naturaleza, profundamente instintiva. Genuinamente humana. Demasiada luz para este mundo.
Toda la vida sentí orgullo por tu mamá. La persona más fuerte que conozco. Vos también. Me lo dijiste la última noche que nos vimos, en el parque, con tu mejor humor: “lamentablemente tengo que admitir que es la mejor mamá”.
Están tus enormes ojos cielo. “Son tantos tus sueños que ves el cielo”, cantabas desde chiquita el tema de Spinetta. En pandemia quisiste aprender a tocarlo. Vivías en música, el arte que conecta con los dioses. Lo tuyo era la danza. En noviembre ibas a audicionar para la Academia de Julio Bocca. Lo lograrías, lo sé. Tu última publicación fue a tu novio. Te fuiste amando y siendo amada, no es poco en estos tiempos de crueldad. La última frase del disco de Abbey Road dice: “Al final el amor que recibes equivale al amor que das”.
Bailá Palo, donde quiera que estés. Y contanos cómo es.
Feliz cumple, Palomita
por Miguel Sarmiento¡Hola, Palo! ¡Por cuáles ignotos espacios del universo infinito andarás aleteando y danzando en estos momentos, desparramando sonrisas!… Hoy, 20 de junio, día tan especial, estarías (estás) cumpliendo 17 añitos… Pero la Parca, con su habitual crueldad, se ensañó con vos demasiado temprano, y te arrebató súbitamente de este plano hace apenas tres meses, sin darnos la posibilidad de seguir teniéndote a nuestro lado…
¡Cuánto te queremos, Pichonela! ¡Cómo te extrañamos! Siempre fuiste, y lo seguirás siendo, in eternum, un increíble SER DE LUZ: tan dulce, colaboradora, solidaria, mediadora, componedora, familiera, alegre, inquieta, curiosa, además de una bailarina excelsa, tu gran pasión… Tan mujer, tan hermosa (en el sentido más pleno de esta palabra)… Evidentemente el mundo terrenal te quedaba demasiado chico.
Y no nos caben dudas de que ahora estás cobijada para siempre por el abrazo amoroso del Padre Dios; lo cual, a pesar del duelo, y por la certeza que nos da la fe que profesamos, nos pone en cierta paz y serenidad, en especial a tu mami Leti y a tu hermana Cande, que en medio de su enorme dolor-tristeza no dejan nunca de tenerte presente, de expresarse en tu nombre, de sentir que estás a su lado: las estamos acompañando permanentemente tus abus, tíxs y primxs, como así también tantos familiares, amigxs y compañerxs.
Continuamos consternados por tu ausencia física: entre otros asuntos pendientes, ya no se podrá dar tu ilusionada audición en el teatro San Martín de Buenos Aires, ni tu acto de fin del secundario. Ya no andarás correteando por aquí. Y lo sufrimos. Pero no importa. Porque sabemos que seguís estando junto a todos nosotros desde una nueva dimensión. Lo comprobamos a cada rato. Lo evidenciás a través de esas señales increíbles que nos vas mandando —por medio de abejas, mariposas, colibríes, arrullos, formaciones nubosas, arco iris en pleno sol, fotos o videos que aparecen de repente, canciones, tus escritos, tus bonitas grullas, y tantas cosas más— que no han dejado de sorprendernos desde el mismo momento de tu sepultura, con aquella impresionante cruz en el cielo formada por un par de nubes alargadas surgidas de la nada en un día muy soleado.
Ahora tu espíritu revolotea sobre nosotros sin cesar, mientras estás yaciendo en el Jardín de Paz de Azul, espacio casi místico, sonorizado en todo momento por teros, calandrias, palomas y otros lindos pajaritos de las praderas, con el viento susurrando, en tanto que manos familiares y amigas te cubren de flores, aquellas flores que más te gustan… Ya llegará, cuando corresponda, la hora del reencuentro final…
Entretanto, “baila, Paloma, baila”, sigue bailando, mientras te mandamos emocionados en este día especial un ¡FELIZ CUMPLE, PALOMITA! con un beso enorme al cielo.
Que ves el cielo
por Gustavo SarmientoEsta es la historia de Paloma y una familia. De ausencias, legados y luchas. De deseos y canciones. Somos finitos. Y hay que aprender a convivir con eso.
El último verano, Paloma estaba ansiosa por ser amiga de Benja. A sus 16 años y medio, ya tenía todo lo que quería: novio, familia, amigas, su grupo de danza, pero le faltaba Benja. Estaba apurada para que sean amigos. Y lo logró. Pocos días después de terminado ese verano, Benja fue uno de los que más lloró en el velatorio de Palo.
Murió el 25 de marzo de 2024 en Azul. A Paloma, mi sobrina/ahijada, la de los mejores abrazos, le agarró un aneurisma en la ducha. Y esperó a que llegue su madre del trabajo para irse en sus brazos. Casi un último deseo. Como le escribió para un día de la madre: «sos la mejor mamá de este mundo, y de los otros también».
Palo, de chica, decía que jugaba a soplar las nubes. Durante su entierro en el jardín de paz, al momento preciso del último adiós, se formó en el cielo una cruz. Parecía de aviones a chorro, aunque no vimos ninguno. Esa semana le hicimos un ritual colectivo de despedida en el arroyo, donde solía caminar. En ese instante salió el arcoiris, aunque no había llovido.
Los aniversarios no son el problema. En esas fechas siempre hay gente. Se la extraña más en la vida cotidiana. La silla vacía. Pero cuando uno ve a la madre sonreír, a la hermana con deseos y ganas de seguir adelante, a los abuelos siempre presentes, no se puede más que tener admiración. La ausencia es legado; y el legado de esta historia es el deseo: hacer cosas, idear proyectos, moverse.
Le fascinaba hacer grullas. Esas criaturas míticas que viven 1000 años. Los japoneses la llaman el “ave de la felicidad”, símbolo de buena fortuna y de la protección que dan sus alas.
Siempre le encantó “Que ves el cielo”, de Invisible. Entonaba, como un designio: “No importa tu nombre si me puedes contestar. Son tantos tus sueños que ves el cielo mientras te veo bailar”.
Como cuando vemos a una bailarina hacer la danza perfecta, mientras alguien juega a soplar nubes en el cielo.
Paloma era parte de la familia cuyas historias se cuentan en estas páginas. Su tío Gustavo Sarmiento escribió también La Nona y las Tres Cimas de Lavaredo, la historia de Antonietta.
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